Puedes trabajar diez horas al día por cuatro euros sin rechistar.
Puedes ser un trepa.
Puedes odiar a los gitanos, negros, “moros”, europeos del este, latinos…
Puedes lamentar que haya muertos en el estrecho si tan siquiera preguntarte por qué arriesgan su vida para llegar aquí.
Puedes vivir sin que te importe un carajo las aproximadamente 50.000 muertes al día por hambre o enfermedades tratables.
Puedes insultar a un vagabundo.
Puedes culpar a la gente de su miseria.
Puedes vivir siendo súbdito del rey.
Puedes hipotecarte el resto de tu vida.
Puedes estar a favor del cierre de periódicos.
Puedes opinar que la corrupción es normal, que engrasa el sistema.
Puedes poner tu granito de arena en la destrucción del medio ambiente.
Puedes seguir creyendo en la separación de poderes.
Puedes engañar a tu mujer con su mejor amiga.
Puedes defender incluso a dictadores.
Puedes ignorar o apoyar las 65 horas.
Puedes defender la ley de inmigración.
Puedes ignorar la degradación de los servicios públicos por parte de nuestros políticos.
Puedes estar de acuerdo con la privatización de la sanidad.
Puedes alegrarte cuando los sionistas derriban la casa de un palestino.
Puedes apoyar a los golpistas en Venezuela y Bolivia.
Puedes discriminar a los homosexuales, etcétera.
Ahora bien, serás una persona detestable y podré recriminar tu actitud a gritos si fuera necesario. Podré interrumpir mis tareas para quedarme frente al perro hasta que termine y así poder comprobar si cumples tu deber como ciudadano, porque ya se sabe que el mayor delito, la mayor osadía y falta de respeto al prójimo, es no recoger las cacas del perro.