Las palabras mágicas. Siempre las escuchamos en boca de analistas, periodistas, economistas, políticos, empresarios y, en fin, usureros de todo pelaje: competitividad y flexibilidad.
Competitividad no es otra cosa que trabajar más por menos dinero. Y flexibilidad significa que el empresario puede despedirte más fácilmente. Con lo cual, si tu contrato laboral es una mierda, si trabajas más horas por menos dinero, la economía va mejor. Es decir, los ricos serán más ricos.
Lo peor de todo es que se han encargado de que mucha gente crea que lo mejor para sus vidas es trabajar más cobrando menos, o que le despidan con total impunidad. Mucha gente honesta se lo ha creído.
Con la actual crisis, muchas son las voces que nos llaman, y llamarán, a “apretarnos el cinturón”, nos dicen que “tendremos que arrimar el hombro” para superar la crisis de la que “todos somos culpables”. Los señores de la pasta son expertos en socializar pérdidas, pero no sólo pérdidas, también culpas. Nos repetirán el cuento de la competitividad y de la flexibilidad. Tratarán de convencernos una vez más que lo mejor que podemos hacer es seguir manteniendo a los señores de la pasta, auténticos ladrones, de que no hay otra salida, que es por nuestro bien.
Los periodistas son los voceros de los capitalistas, protegen sus intereses, no el bien para la mayoría. Me daría por satisfecho si tan sólo la gente pudiese tenerlo claro. Así, quizá, empezarían a mirar por sus intereses, por los intereses de una mayoría todavía silenciosa que más temprano que tarde tendrá que empezar a hablar.