La actual crisis nos demuestra una vez más que “las élites” no tienen ideología, su única pasión es el poder y el dinero. Lo del neoliberalismo es un cuento que algunos profesores y muchos estudiantes se han creído pero que no se ha practicado ni se practicará. ¿Dejar a la oligarquía a su suerte? ¿Cuando ha ocurrido tal cosa? ¿Libertad de mercado? ¿Mano invisible? Por favor, no se puede ser tan ingenuo para creerse este cuento.
El mercado tiene dueños, y los políticos se afanan por salvar su sistema con nuestro dinero fruto de nuestro trabajo, de nuestro esfuerzo. Todo el dinero que se les va a dar, inyectar que dicen los voceros del sistema, es para que todo siga igual: ellos mandando y nosotros obedeciendo. La libertad consiste en librarse de esta dinámica, en hacernos responsables y partícipes de lo que nos rodea, en ser ciudadanos y no consumidores, en adueñarnos de nuestra vida, en recuperar nuestra capacidad de decisión sin que nos chantajeen con embargos, hambre, despidos y demás técnicas terroristas que la oligarquía y sus voceros utilizan constantemente para tenernos atados y bajo control.
Pero para lograr nuestra emancipación, antes hay que tener principios, valores, compromiso, hay que organizarse, es la única forma. Todo ello incompatible con el nihilismo y el hedonismo que imparte el catecismo posmoderno, capitalista, y que ha acabado incluso con el espíritu de rebeldía que suele caracterizar a los jóvenes, salvo honrosas excepciones, diciéndonos que la rebeldía, lo contracultural, es acostarse con cualquiera y agarrarse un buen colocón. Nuestros enemigos, no son las viejas tradiciones familiares, no son ya los conservadores que rezan los domingos en las iglesias; son los capitalistas y el capitalismo, sustentado, hoy por hoy, por la doctrina posmoderna del individuo-placer, vendido de forma tan miserable, rastrera e inmunda que termina por convertirse en miedo y asco.
Estamos asistiendo al hundimiento del sistema y al robo descarado de nuestro dinero sin que la gente se movilice, sin que apenas proteste. Décadas de adoctrinamiento lo han hecho posible. Pero esta circunstancia no nos exime de nuestra responsabilidad. Somos culpables de nuestra propia situación, somos culpables de que todo siga igual. El cambio sigue dependiendo de nosotros mismos.
1 comentario
Abril 30, 2009 a las 2:23 am
Totalmente de acuerdo con sus comentarios, suscribo plenamente.
Debemos reunirnos, organizarnos politicamente.
Saludos.