Los pronósticos se cumplieron: Obama ganó las elecciones.
Desde la derecha se recibe la noticia con desagrado, y desde la izquierda progre, al estilo del diario Público, con esperanza.
Voceros del capital aparte, todo seguirá igual: EEUU defenderá sus intereses a bombazo limpio si es necesario; intentará acabar con cualquier proyecto progresista que pretenda desarrollarse en el mundo; no abandonará el modelo capitalista ( los progres dirían “salvaje” en un intento de distinguir entre un modelo bueno y otro malo de capitalismo) que nos ha llevado a la actual crisis y que produjo, produce y producirá miseria allá por donde pase; ni siquiera cambiará el sistema social estadounidense entre otras muchas cosas más.
Y no lo hará porque no es posible hacerlo. No se trata de juzgar las intenciones de un hombre, sino de si el sistema se lo va a permitir. Aun suponiendo que Obama quiera de veras un cambio, no podrá hacerlo, y que no se le ocurra pasarse de la raya porque siempre pueden ocurrir desgracias. ¿Exagerado? Lo veremos pronto, sólo hay que esperar un poco.